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El poder del usuario en Internet.
Aparición de MRC en El Mercurio.

El domingo 14 de Septiembre fue publicado en El Mercurio el caso de estudio "El poder del usuario en Internet" por Matías Raby. Acá les dejamos artículo completo.

Versión publicada en El Mercurio

“Agrégame a Facebook”, “mira este video en YouTube” y “búscalo en Wikipedia” son frases que forman parte de nuestro día a día. Desde hace unos años que usamos estos sitios y constantemente escuchamos hablar sobre la famosa “Web 2.0”, sin entender bien en qué consiste ni pensar en la razón de su éxito. La “Web 2.0’” dicho de manera simple, es una innovadora vuelta de tuerca que se le dio a Internet como plataforma. Usando las tecnologías existentes, se logró crear una nueva generación de servicios donde el usuario es lo más importante.

Durante el auge de los negocios en la web, a fines de los 90, grandes empresas apostaron millones en desarrollos en Internet y por un tiempo tuvieron mucho éxito. En los primeros años de la década siguiente, sin embargo, la crisis de las “empresas .com” llevó a la quiebra a muchos de estos emprendimientos. Internet seguía funcionando, pero se llegó a pensar que estaba sobrevalorada como plataforma para negocios y empresas.

Con el paso de los años, las empresas que habían sobrevivido a la primera crisis y algunos nuevos actores consiguieron darle un nuevo auge y masificación a Internet. ¿Qué tienen en común estas empresas y servicios web que han sido tan exitosos donde tantos otros han fallado? La respuesta es simple: creatividad e innovación. El origen de la Web 2.0 no está en nuevos desarrollos tecnológicos o en algún cambio estructural de la forma en que funciona Internet. Lo que estas empresas hicieron fue replantear de forma innovadora el uso de las herramientas que les daba la tecnología existente, creando una nueva manera de utilizar la red. Esta tendencia fue detectada por O´Reilly Media en 2004 y quienes la bautizaron “Web 2.0”.

Algo común entre estos sitios web es que dejaron de ser medios comunicacionales unidireccionales. La mayoría de sus antecesores ofrecía contenidos creados y mantenidos por los dueños del sitio y limitaba la experiencia de los usuarios a la lectura de esa información, la cual, en muchos casos, no era actualizada regularmente. Los protagonistas de la Web 2.0 se dieron cuenta de que el sitio debía estar centrado en el usuario, o más bien, debía ser el usuario. Se dio acceso a los usuarios para crear, relacionar, publicar y hasta publicitar el contenido del sitio. De esa forma dejaron de ser actores pasivos y pasaron a ser el motor que mueve al sitio. Cualquier persona con conocimientos básicos de computación puede participar de forma gratuita, lo que democratizó la web y eliminó la necesidad de un elevado presupuesto para poder comunicar. Se comenzó a aprovechar la inteligencia colectiva y las ideas y el contenido empezaron a tener mayor peso, por simples que fueran.

Ya sea el blog de una periodista disidente en Cuba o el video de un gordito mexicano que se cae a un río; fotos inéditas sobre la represión en Myanmar o las fotos del asado del fin de semana pasado; estos sitios dan a los usuarios la libertad de crear sus propios contenidos y ofrecen la posibilidad de que encuentren al menos un nicho donde masificarse y hacerse inmensamente conocidos.

Para mantener cierto orden, muchos de los sitios de la Web 2.0 funcionan formando comunidades que crean contenido siguiendo ciertos tópicos establecidos. Algunos ejemplos son Facebook (redes sociales en general), YouTube (videos), Flickr (fotografías), Delicious (vínculos) y Twitter (microblogging). Entre los sitios chilenos destacan Bligoo (blogs), Needish (necesidades) y Podcaster (podcasts).

Estas nuevas empresas no sólo innovaron buscando la participación de los usuarios, también fomentaron la colaboración con otras empresas similares. Cambiaron los paradigmas existentes al perder el miedo a mostrar sus códigos y dejaron de trabajar de forma cerrada. Invitaron a otros desarrolladores a usar sus aplicaciones, mejorarlas, compartirlas e integrarlas a las suyas propias. Usan licencias que permiten que el contenido esté disponible para su uso por terceros y permiten que sus aplicaciones funcionen en otros sitios.

Lo anterior ha llevado a que muchos emprendedores, con una idea innovadora bajo el brazo, salgan a conquistar el mercado virtual, ya sea aprovechando estos sitios para generar contenido, o entregando el manejo de éste a los usuarios a través de las creación de nuevos servicios. Esta forma de entender la red ha traído como consecuencia la constante aparición de nuevas y mejores ideas.

Con esto no quiero decir que todos los sitios web deban funcionar de esta forma, ni que darle el poder al usuario sea la solución para todos los casos. Esta nueva forma de entender la red lleva pocos años funcionando y quizás algún día se sature y haya que reinventarla. La lección más importante que nos deja la experiencia de la Web 2.0 es que un enfoque innovador puede causar una verdadera revolución. Hoy nos damos cuenta de que no hay que dejar de cuestionar la forma en que funcionan los medios con los que normalmente comunicamos y tomamos conciencia de la siempre presente posibilidad de mejorarlos usando un poco de creatividad.

 
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